Parece que, de un tiempo a esta parte, los altos cargos del PNV han sacado tiempo para hacer enriquecedoras visitas a granjas y zoológicos, y se han entregado a las metáforas animales, a las fábulas y a la fabulación. Así, mientras hace ya un año fue Josu Erkoreka quien patinó al afirmar con sorna que imaginarse al PSE en Ajuria Enea era algo tan imposible como ver un cerdo volando, hace dos semanas Iñigo Urkullu escribió en su blog que las gallinas del PNV saben perfectamente donde poner sus huevos. Y la semana pasada Joseba Egibar volvió a sacar a colación, esta vez en el Parlamento, su particular conato de parábola de las truchas de piscifactoría.
“Nunca me he considerado una trucha, me gustan más los peces de colores”, le respondió el Lehendakari. Y yo suscribo su réplica.
Desde que mi memoria alcanza a recordar, siempre me he sentido libre de pensamiento, siempre me he sentido como uno de esos peces de colores tan bellos que recorren las grandes barreras coralinas; quizá por eso me sorprendieron tanto las palabras de Egibar. Más teniendo en cuenta que quienes siguen una ideología, sin dudar un solo momento, sí que me parecen truchas de piscifactoría. No son precisamente bravos salmones dispuestos a nadar contracorriente, fuera del abrigo de su rígido ideario.
Pensando en ello, me reconozco seguidora de Albert Camús y comparto con él que al ser humano le aqueja en nuestro tiempo un mal espiritual: encontrarle un sentido a la vida. Es difícil enfrentarse a esa pregunta fundamental de “¿merece la vida ser vivida?”. Ésa es la cuestión principal de la filosofía. Lo demás son adornos, excusas, juegos florales que inventamos para no enfrentarnos a ese interrogante. En un universo privado repentinamente de ilusiones, el ser humano se siente extraño. Un exilado. No hay nada por lo que luchar, ni una patria que recordar, ni una tierra prometida por la que soñar. Ése es el mundo absurdo de Camús.
Y Sartre, otro pensador de peso, coincidía con él cuando afirmaba eso de que la vida, a priori, no tiene sentido. “Antes de que ustedes vivan, la vida no es nada. Los corresponde a ustedes darle un sentido”.
Por eso el ser humano trata de buscar razones para existir, excusas por las que seguir viviendo; más riqueza, un Dios, una ideología… Y en eso debe andar la órbita nacionalista, que ahora apuesta por difundir la dudosa hipótesis de que este Gobierno esté diluyendo identidades, como si la identidad fuera un azucarillo, o la pregunta fundamental de la vida.
Señores, dejen que cada persona busque su propia verdad, su propio camino. La sociedad en su conjunto está en fase de descompresión; dejémosla en libertad. No necesariamente ha de volverse menos nacionalista…
“Nunca me he considerado una trucha, me gustan más los peces de colores”, le respondió el Lehendakari. Y yo suscribo su réplica.
Desde que mi memoria alcanza a recordar, siempre me he sentido libre de pensamiento, siempre me he sentido como uno de esos peces de colores tan bellos que recorren las grandes barreras coralinas; quizá por eso me sorprendieron tanto las palabras de Egibar. Más teniendo en cuenta que quienes siguen una ideología, sin dudar un solo momento, sí que me parecen truchas de piscifactoría. No son precisamente bravos salmones dispuestos a nadar contracorriente, fuera del abrigo de su rígido ideario.
Pensando en ello, me reconozco seguidora de Albert Camús y comparto con él que al ser humano le aqueja en nuestro tiempo un mal espiritual: encontrarle un sentido a la vida. Es difícil enfrentarse a esa pregunta fundamental de “¿merece la vida ser vivida?”. Ésa es la cuestión principal de la filosofía. Lo demás son adornos, excusas, juegos florales que inventamos para no enfrentarnos a ese interrogante. En un universo privado repentinamente de ilusiones, el ser humano se siente extraño. Un exilado. No hay nada por lo que luchar, ni una patria que recordar, ni una tierra prometida por la que soñar. Ése es el mundo absurdo de Camús.
Y Sartre, otro pensador de peso, coincidía con él cuando afirmaba eso de que la vida, a priori, no tiene sentido. “Antes de que ustedes vivan, la vida no es nada. Los corresponde a ustedes darle un sentido”.
Por eso el ser humano trata de buscar razones para existir, excusas por las que seguir viviendo; más riqueza, un Dios, una ideología… Y en eso debe andar la órbita nacionalista, que ahora apuesta por difundir la dudosa hipótesis de que este Gobierno esté diluyendo identidades, como si la identidad fuera un azucarillo, o la pregunta fundamental de la vida.
Señores, dejen que cada persona busque su propia verdad, su propio camino. La sociedad en su conjunto está en fase de descompresión; dejémosla en libertad. No necesariamente ha de volverse menos nacionalista…
Lo malo del nacionalismo es que, como las religiones, siempre te dice cómo te tienes que sentir, qué tienes que pensar y hasta qué es bueno y qué es malo. Quizá se deba a su vinculación original al catolicismo. Una vocación de inflexible adoctrinamiento que a mí, en su momento, me resultó asfixiante. Demasiado para mis branquias.
7 comentarios:
¿Lo dices por tus padres conocidos nacionalistas en su pueblo?
Ya puedes perdonar que haya salido publicado 4 veces.
Aclaro que el comentario, viene a colación de: "Más teniendo en cuenta que quienes siguen una ideología, sin dudar un solo momento, sí que me parecen truchas de piscifactoría. "
Me parece curioso que tu madre te parezca una trucha. La mía, me habría servido de cena.
La tuya, parece tener más educación. Santa mujer, con santa paciencia.
Afortunadamente, como animales fantasiosos que somos, podemos usar metáforas y tropos varios.
El tropo de la trucha es "made in Egibar". Él la dijo. Acusa al lehendakari de querer convertir a los vascos en "truchas". Es decir, en "españoles"
Pero somos peces de colores. Como dice el lehendakari, y como durante diez años Ibarretxe nos ha querido hacer olvidar con sus frivolidades identitarias.
Coincido más bien con Sartre: la vida tiene dos facetas. Puede tener o no sentido, lo cual es independiente de cada sentimiento particular o de cada "pez de color", es decir, es una conclusión filosófica. Después, puede merecer o no ser vivida. Y eso es cosa de cada uno, de como enfoque su vida, de que tenga energía para afrontarla, de que sea inteligente o no, de que tenga propensión o no a la melancolía, a la depresión...
Afortunadamente, la capacidad de fabular incluye también la capacidad de usar figuras retóricas, como bien sabe Egibar con sus truchas.
El país monocromo lo quieren quienes fomentan debates identitarios, como Aznar, Sarkozy o Ibarretxe.
Y repito: detrás de las palabras, los hechos.
(muchos no entienden que Unai Ortuzar haya sido designado director de EITB internacional. Seguro que es un excelente concejal de Lemona, ý posiblemente sea un magnífico director del canal internacional de EITB, pero la forma de contratación es lo que muchos critican, especialmente para un puesto eminentemente profesional, que debería ser elegido con criterios igualmente profesionales)
Le dijo la sarten al cazo ... veo tus vergüenzas aumentadas entre las mías, que las tengo muy bien disimuladas ...
Manda eggs!
Euskadi Irratian entzun zaitut, naro eta erraz berbetan, politikari ez garenok ere ulertzeko moduan.
Beti-betiko gauzak esaten, hori bai, borondate oneko abertzaleak ere bagarela, indarkeriarik nahi ez dugunak... Baina, jakina, Portugalen dinamita kilo mordoarekin harrapatu dituzte batzuk eta... DENAK DEABRU BUZTANDUN!!!
Jakizu, Mendia anderea, modu ulergaitzean, ETAk batu zaituztela PSOE eta PP: eta ETAri esker zaudela zu ere zauden tokian, mikroa ahoan jarrita berriketa merkean.
Aspaldiko ezagun bat
Ez diezu "biolentoen lagunei" tokirik egin nahi, ezta?
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