Amigo Txema, alguien te ha llevado a un lugar mejor. Ése ha sido siempre nuestro consuelo ante la muerte: creer que uno pasa a una vida mejor. Me quedo con eso. Cuando a una se le humedece la mirada y se le encoge el estómago, cuando aún tiene en el tímpano el eco de nuestra última conversación, cuando cierra los ojos y piensa que estirando la mano aún podría tocarte, que no es posible que ya no estés aquí, no es el mejor momento para entrar en discusiones de tipo religioso.
Alguien o algo te ha llevado a un lugar mejor. Nos ha privado de tu presencia, de tu compañía, pero nunca borrará tu recuerdo; los que te conocimos, los que te tratamos, nunca olvidaremos tu entrañable carácter, tu arrolladora personalidad, tu buen humor, tu campechanía, ni tu enorme capacidad para el trabajo. Eras capaz de darnos cada día una o varias lecciones, sin perder la sonrisa. Aún tenías tanto por decir y por hacer…
Volvemos a recordar que la vida no es justa. Ya lo sabíamos. Seguramente, nunca lo será, a buen seguro seguirá habiendo cada día miles de motivos para el estupor y el lamento, pero ahora ese pálpito es diferente. Nos quema. Hoy nos invade el dolor y nos toca sufrir a tus amigos y, sobre todo, a tu familia. Allí donde estés repartiendo ilusión, te mando un beso grandísimo. Descansa en paz.
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