“Hoy ha amanecido un día estupendo. El frescor matinal nos ha recordado que aún es invierno, pero el sol lucía en lo alto y vencía en su batalla cotidiana por deshacer brumas. Una jornada potencialmente idílica, una escenografía natural perfecta para la época, de no ser porque al mirar al norte se percibía, a lo lejos, un cielo enrojecido y el eco de varios disparos a traición. ETA se ha vuelto a equivocar”. El 17 de marzo de 2010 escribía esas líneas en un post titulado ‘Se equivocan (otra vez)’. ETA había asesinado horas antes en Dammarie-lès-Lys a Jean-Serge Nérin, sumando así cuatro nuevos huérfanos a su macabra lista de despropósitos y atrocidades.Doce meses después, Nérin continúa siendo la última víctima mortal de la organización terrorista. Y mi esperanza es que ese gendarme mantenga dicha condición para el resto de los tiempos. Que dentro de otro año, de un lustro, de una década, de un siglo, de un milenio, él siga siendo recordado como la última víctima de ETA.
Aunque el desenlace concreto de la trama excede mi voluntad, mi deseo es que ésa sea la conclusión. Ojalá me sea concedido.
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