Desde 1969 la UIT (Unión Internacional de Telecomunicaciones) consagra el 17 de mayo a conmemorar la firma, en 1865, del primer Convenio Telegráfico Internacional. Es el Día Mundial de las Telecomunicaciones y la Sociedad de la Información. Y desde hace 2005 es también el Día de Internet, para alegría de todos los internautas. Es cierto que no existe una sola fecha del calendario que no esté asociada a su correspondiente efemérides, de la más diversa índole, pero el Internet Eguna no es una jornada cualquiera. No debería serlo, pues Internet es un asunto de sumo interés para la mayoría de la población, al igual que otras grandes cuestiones de nuestro tiempo, como el medio ambiente, la interculturalidad, la economía o la política. Internet ha cambiado las reglas de juego y crea oportunidades en prácticamente todas las materias relevantes para nuestra sociedad. Ha entrado en nuestras vidas y las ha revolucionado. Ha cambiado nuestra forma de relacionarnos, ha transformado nuestras herramientas de trabajo, ha abierto ante nosotros una puerta descomunal al conocimiento… Su dimensión se puede calibrar con una simple pregunta: ¿qué pasaría si un día, de repente, sin previo aviso ni vuelta de hoja, ‘apagarán’ Internet?
En mi caso, como portavoz y consejera del Gobierno Vasco, admiro y agradezco su potencial para mejorar la manera de gobernar en una sociedad que camina hacia la plena interconexión, pues brinda herramientas para contactar directamente con cada sector y cada persona afectada por las políticas públicas. Para alcanzar una Administración más cercana y más sostenible. La disposición de servicios en Internet permite, además, la automatización de procesos y contribuye a un mejor uso de los recursos públicos, con el consiguiente incremento de la eficiencia. De ahí nuestra apuesta por el buen uso de las nuevas tecnologías y por el desarrollo de la Administración electrónica, que se plasma, por ejemplo, en una oferta cada vez mayor de servicios que ya se pueden tramitar desde casa, evitando desplazamientos. Una política que tendrá un espaldarazo inminente con la aprobación por nuestro Ejecutivo del Plan de Innovación Pública (PIP), un plan con el que queremos construir una Administración innovadora y abierta que ofrezca a la sociedad servicios de calidad, eficientes, eficaces y seguros.
Desde una perspectiva estrictamente personal, estoy convencida -todos lo estamos- de que el de Internet es un nuevo tiempo. Mejora la manera en que organizo mi tiempo, aumenta mi capacidad de relación social, facilita el aprendizaje y me permite, en definitiva, estar conectada al mundo y ganar libertad y bienestar.
La veracidad de los avances y ventajas señaladas la avalará en mayor medida el gran porcentaje de familias vascas que tiene acceso a Internet en su domicilio. Estudios recientes revelan que la ciudadanía vasca utiliza Internet habitualmente al mismo nivel que la población de los principales países europeos, que la formación permanente se ha duplicado con respecto a los valores de 2008, y que el porcentaje de profesores que recurren en las aulas a Tecnologías de la Información y de la Comunicación se ha duplicado también desde ese año.
Datos significativos que, no obstante, no ocultan una aún considerable brecha digital. Hay que animar a esos colectivos desconectados, en riesgo de exclusión digital, a superar la brecha, a vencer temores, barreras, prejuicios y reticencias. Facilitando el acceso a las nuevas tecnologías; incluso prestando formación, si es preciso, como ya hace la red pública vasca de centros KZgunea, que cuenta con 315.000 usuarios registrados, de los cuales más de 120.000 se han formado por primera vez en Internet. Y convenciendo, a quien sea necesario, de la idoneidad y los beneficios de acceder a la gran carta de contenidos provechosos que el ciberespacio pone a su disposición. Una oferta con capacidad de mejorar nuestra calidad de vida, objetivo prioritario en cualquier sociedad. Acabar con la brecha digital es tarea de todos. Y los beneficios personales están ahí esperándonos.
En el contexto de un movimiento mundial de globalización que elimina fronteras y parece empequeñecer al individuo, éste recupera el protagonismo y el sentido mediante la constitución de una gigantesca red de relaciones establecida sobre una plataforma neutra y casi invisible. Internet es la mayor utopía llevada a efecto en la historia reciente de la humanidad. Haciendo un uso racional, no hay que contemplarla como una amenaza; es, como plasmó Jacques Attali en su ‘Diccionario del siglo XXI’, la puerta de acceso a un mundo virtual, un hipermundo donde tiene cabida casi todo lo que existe en el universo real, pero sin las trabas de la materialidad. No se pierda la oportunidad de comprobarlo.
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